LA COLUMNA DE LUIS APARICIO



4-11-1965

Mucho se habla de vida del deportista. Yo creo que con razón por cuanto será poco todo lo que se diga acerca de las exigencias y los sacrificios que el deporte impone a sus cultivadores, sobre todo si llega el momento en que ese deporte so convierte en centro de interés de muchos, generalmente de la juventud. Es el momento en el cual el deportista pierde su vida privada y pasa a ser una especie de bien colectivo de su país.

Podría hablar en tono abstracto de estas cosas. Pero como he sido yo, soy y seré un deportista, prefiero escribir estas líneas de mi columna en SPORT GRÁFICO acerca de lo que a mí me ha exigido el beisbol.

Muchos sueñan con la gloria. Yo también la soñé, cuando comenzaba a tomar el guante y veía los laureles que conquistaba mi padre. Me decía: "por lo menos Igual, debo ser". No era envidia lo que sentía por mi papá. Antes por el contrario, me llenaba de orgullo y satisfacción decir que era el hijo de Luis Aparicio.

Por eso comencé practicar el beisbol con pasión, disciplina y orden. Sabía desde entone que la vida disipada, de parrandas, "amigas", escándalos y tragos, estaba reñida con la posibilidad del triunfo.

 Conquistar la gloria deportiva significa un gran sacrificio en el orden personal. Significa acostar temprano, comer correctamente y balanceado, tener una vida íntima regularizada, eliminar el licor en la vida corriente. Dirán algunos que eso significa una vida monástica. Pero no es así. Es una vida disciplinada y nada más.

 De vez en cuando tomo algunas copitas. Pero en casos excepcionales, sin que nadie pues da decirme que soy amigo del vicio. Yo me propuse ser un atleta y creo haberlo conseguido. Ha sido un sacrificio Inicial puesto que después que uno se acostumbra a un sistema de vida, le parece lo más normal. Eso he hecho yo y eso recomiendo  los muchachos que sueñan con ser buenos deportistas. Si aspiran calzar un guante de fildeo en grandes ligas, deben disciplinar su vida.

 Quienes hoy lean mi columna no y le hagan caso, mañana me lo agradecerán.

 Para ser buen deportista hay que tener conducta ejemplar. Quien lo haga y tenga condiciones naturales, habrá logrado la gloria con la cual sueña ahora.





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