LA COLUMNA DE LUIS APARICIO



6-1-1966, extraído de: SPORT GRAFICO

Quiero, un poco de exprofeso, en esta primera columna del año, referirme a lo que deberá ser un buen lapso para el deporte venezolano. Pero antes es casi tarea obligada presentar, mis saludos y parabienes a los ganadores de los títulos como los mejores deportistas venezolanos.

 Por tratarse de una dama y una gran atleta, ese saludo lo quiero dar, en primer término, a Gisela Vidal, una mujer por la cual siento verdadera admiración por sus maravillosas condiciones de deportista. A esta muchacha apenas si la he visto un par de veces en mi vida, pero me sentí realmente alegre al conocer el veredicto de los periodistas venezolanos, por considerarlo justo.

Un especial y fraternal saludo quiero enviar a mi coterráneo Víctor Davalillo, quien ganó el título de mejor beisbolista profesional de 1965. He sido de los que siempre he creído en las condiciones Vitico para ser una figura luminosa de Grandes Ligas. Por eso –por ser su amigo, por ser zuliano, por ser venezolano y por conocer su lucha denodada- me sentí orgulloso de que Davalillo se encontrara, al final de la campaña pasada, en las Grandes Ligas, entre los únicos tres bateadores que pudieron estar sobre 300 puntos. Ahora, igualmente me siento orgulloso de que haya logrado el título con el cual le premiaron mis amigos periodistas venezolanos por su interesante campaña. Quiero igualmente, pecar de inmodesto porque aprovecharé estas líneas para dar un consejo a este estupendo pelotero. Lo hago no por autosuficiencia, no mucho menos, sino en razón de mi larga experiencia. He estado 10 años en Grandes Ligas y por eso puedo decir con propiedad que nunca se sabe lo suficiente para considerarse ya totalmente maduro. Vitico tiene por delante una lucha dura y debe estar consciente de ello. Cada día, cada juego, cada turno al bate o cada lance en el campo es una prueba más para su capacidad. Este título y los muchos que le faltan por conquistar no le deben “emborrachar” de gloria. Estas cosas hay que recibirlas con honor, pero nunca deben pesar sobre la verdadera personalidad del atleta. Vitico es grande por buen pelotero y por su modestia. Así debe ser siempre. Para él, pues, mi abrazo emocionado.

Quiero, finalmente, aprovechar esta época de inicio de año para formular votos, sinceros, por el desarrollo cabal del deporte venezolano. Un deportista tiene que esperar para su Patria los mejores logros en esta actividad. Sería muy feliz si viera miles de niños y jóvenes venezolanos practicando, y teniendo dónde hacerlo, sus deportes favoritos.

Entonces, además de Gisela Vidal y Víctor Davalillo, habrá muchas personas a las cuales deba enviarle un saludo de felicitación.

 





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