LA COLUMNA DE LUIS APARICIO

LA COLUMNA DE LUIS APARICIO

23-12-1965

SPORT GRAFICO

Nunca creí que mi modesta colaboración con SPORT GRAFICO despertaría tanto interés. Lo mido por el número de cartas que me llegan semanalmente. La  verdad es que me parece demasiado. Y la verdad es también me halaga.

Recibo muchas cartas de jóvenes, muchas de niños. Jóvenes que quieren saber cómo se juega el short stop. Jóvenes que me piden que les explique la técnica de esta posición.

  En realidad es difícil hacerlo, explicarlo a través de esta columna. Pero creo que alguna vez lo podré. Lo trataré de, hacer mediante fotografías. Cualquier día conseguiré la colaboración de mi fotógrafo para que me acompañe y, así, gráficamente, pienso quo podremos ofrecer un trabajo de acuerdo coma lo piden los Iectores.

Hay una cosa que me llama la atención en la mayoría de las cartas que me llegan, especialmente de los muchachos. Sucedo que todos quieren jugar el short stop. Todos me piden consejos para llegar a ser short stop. Pero ¿por qué empeñarse en eso?... Acaso no hay otras posiciones tan atractivas, tan importantes o más quo el short stop? Me parece justo, me parece encomiable que todos los muchachos, los jóvenes, aspiren a llegar a ser grandes jugadores en este puesto, pero acaso tiene que ser eso nada más? Yo creo que es un error. Me parece que el joven debe orientarse o jugar en la colocación que más le guste y no le acomode.

Esto me hace recordar una anécdota que ahora tiene ribetes históricos. Se refiere a Rocky Colavito. En sus comienzos, él quería ser un Joe Di Maggio. Era su gran obsesión. Rocky Colavito, con esas tremendas condiciones de pelotero, no podía concebir otra imagen del beisbol que la de Joe Di Maggio. Quería ser con él, quería ser de los Yankees. Y Rocky Colavito, caminaba como Di Maggio. Hablaba como Di Maggio. Se paraba y hasta masticaba chicles como él entonces famoso pelotero. Y hasta pidió en su club el número cinco, el número de Joe Di Maggio.

Un día apostó con su coach, del Indianápolis, a que sacaba la bola del campo no recuerdo a cuantos pies. Ganó la apuesta. Ganó diez dólares. Colavito haciendo cosas muy propias de Di Maggio.

Fue entonces cuando ese mismo coach, le fio al joven Rocky, el mejor consejo que jamás haya oído. “Quítese de la cabeza esa obsesión de ser un Di Maggio. Olvidese de eso. Usted es Rocky Colavito. Y usted debe hacer las cosas en función de Rocky Colavito. Debe formarse su propia personalidad. Debe llegar a ser único. Más que Di Maggio. O menos que Di Maggio, pero Rocky Colavito y solamente…”

Rocky Oyó el consejo. Se quitó el número cinco. Dejó de caminar como Joe Di Maggio. Dejó de mascar chiclets como Joe Di Maggio. Dejó de hacer apuestas por diez dólares. Rocky Colavito fue formándose su propia personalidad en el beisbol, curándose para siempre de una obsesión que a la postre le habría hecho mal. Y hoy Colavito es una de las primeras figuras del Big Show con los Indios de Cleveland.

Yo creo, jóvenes amigos, que esta anécdota tiene plena vigencia. Muchos de ustedes –estoy seguro- sacarán mucho provecho de ella. ¿No les parece?