LA COLUMNA DE LUIS APARICIO

LA COLUMNA DE LUIS APARICIO

11-11-1965

Cuando uno llega a tener el beisbol como una profesión, adquiere una grave responsabilidad pública. Cuando nos iniciamos en la práctica de este deporte, como aficionados, sentíamos el interés de los fanáticos sobre nosotros. Fildear un rolling, batear un hit y aún dejarse dar un ponche, son problemas que dejan de ser del jugador para ser motivo de interés de quienes le siguen a uno con interés.

—Será muy bueno —dicen algunos.

—Tiene porvenir —agregan otros. Pero esas afirmaciones optimistas van creándole a uno más compromisos.

En esas condiciones, generalmente, se da el salto al profesional. Y ahí sí que pierde uno todo cuanto pueda ser interés privado o, aún, la vida privada.

 Y si, por buena fortuna, llegamos a tener una posición destacada, —como —modestamente, lo digo— me ha tocado viviría a través de 10 años de grandeliga, cada actuación que podamos tener en el terreno y en la calle, no solo son de interés sino del dominio público. Cuando jugábamos con los Medias Blancas y después en mi equipo Orioles de Baltimore, cada día de juego lo hacía pensando que, a miles de kilómetros, había miles de personas que estaban pendientes de nuestra actuación de ese día.

Por eso decía al comienzo lo de la grave responsabilidad pública.

Es mi consejo a quienes as-piran la gloria deportiva. Ninguna actuación podrá ser privada. Ningún acto de nuestra vida nos corresponde exclusivamente. Pertenecemos a una colectividad que nos ayuda, nos quiere y nos exige responsabilidad profesional.

 Todas estas cosas las digo girando alrededor de la idea de que ningún ídolo deportivo puede permitirse una vida disipada.

Sobre todo porque ninguna actividad profesional tiene más influencia sobre los niños que la nuestra.

Pregunte a un muchachito qué desea ser cuando grande. Y el 80 por ciento por lo menos responderá que pelotero o algo similar.

Somos el centro de atracción de esos muchachos y ante ellos no podemos dar malos ejemplos.

 Y no sólo por eso. Es que la vida incorrecta es incompatible con el deporte y el deportista.

Hasta luego.